
KARGOI nace de la inquietud de un grupo de personas de Goilaser que decide dar un paso poco habitual dentro de la industria: pasar de fabricar para terceros a desarrollar, fabricar y comercializar producto propio.

La oportunidad surgía de años de experiencia trabajando el metal y de un profundo conocimiento de las necesidades reales de talleres industriales. Pero convertir una capacidad productiva en una marca con futuro requería mucho más que diseñar un logotipo.
Era necesario construir una propuesta capaz de competir en un mercado maduro, generar confianza desde el primer día y convertirse en un proyecto atractivo tanto para clientes como para las propias personas que iban a impulsarlo.
Reto
:
La creación de KARGOI debía resolver varios desafíos simultáneamente.
Por un lado, ayudar al negocio a entrar en el mercado con una propuesta clara y diferenciada en una categoría dominada por productos estandarizados y poco evolucionados.
Por otro, construir una marca flexible que pudiera crecer con el tiempo, incorporando nuevas líneas y desarrollos de producto sin perder coherencia.
Y, además, generar una visión compartida capaz de movilizar al equipo y demostrar que una PyME industrial de Goierri también puede crear productos propios, atraer talento y construir futuro desde el territorio.

Estrategia:
El trabajo comenzó ordenando la propia ambición del proyecto.
Aunque la capacidad técnica permitía desarrollar múltiples soluciones, identificamos la necesidad de focalizar la propuesta sobre una categoría concreta: las mesas elevadoras y las grúas portátiles para manipulación de cargas.

El análisis de mercado reveló una oportunidad clara. La mayoría de competidores ofrecían soluciones genéricas, poco adaptables a las necesidades reales de cada cliente. Frente a ello, KARGOI podía construir una posición diferencial basada en la personalización, la proximidad y el cuidado por los detalles.
Así nació su territorio de marca: Hecho a tu medida.
Una idea que trasciende el producto para convertirse en una forma de trabajar. Escuchar, entender y diseñar soluciones adaptadas a cada realidad, mejorando la seguridad, la ergonomía y la eficiencia de quienes las utilizan cada día.
La estrategia se completó con una definición de propósito igualmente ambiciosa: contribuir a demostrar que la PyME industrial sigue siendo un motor de futuro para el territorio, capaz de generar orgullo, oportunidades y proyectos compartidos desde Goierri.

Identidad:
La identidad se construyó sobre tres grandes pilares narrativos:
· Made in Goierri, como expresión de origen, arraigo y cultura industrial.
· Mejorar cómo trabajamos, como declaración de impacto y compromiso con las personas que utilizan los productos.
· Y Hecho a medida, como materialización de su propuesta de valor diferencial.
A partir de estos fundamentos desarrollamos el naming KARGOI: un nombre breve, contundente y fácil de recordar que conecta con conceptos como carga, elevación, movimiento y Goierri, proyectando al mismo tiempo una personalidad propia y escalable.
La identidad visual refuerza esa misma idea de robustez cercana. El sistema parte de un imagotipo de construcción simple y memorable, acompañado por un símbolo propio donde conviven la «K» de Kargoi y una forma ascendente que evoca elevación, progreso y movimiento.

El color naranja rojizo aporta energía, valentía y cercanía, ocupando además un espacio visual poco explotado dentro de la categoría.

La identidad se completa con recursos gráficos inspirados en el dibujo técnico, líneas estructurales, iconografía propia y una dirección fotográfica que combina el carácter industrial de los talleres con una presencia humana cercana y auténtica. Todo ello construye una marca reconocible, contemporánea y preparada para crecer.



Resultado:
KARGOI llegó al mercado con una propuesta clara, una posición diferencial y una identidad capaz de competir en una categoría tradicionalmente dominada por criterios funcionales y de precio.
Pero uno de los resultados más significativos se produjo dentro de la propia organización. Cerca de la mitad de la plantilla de la empresa de origen decidió convertirse en accionista del nuevo proyecto, participando activamente en una visión compartida de futuro.
Un indicador poco habitual que demuestra cómo una marca puede convertirse en una herramienta de transformación empresarial, capaz de alinear negocio, personas y ambición.










